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"SABER RECIBIR"

19 Oct 2011

¿Qué pasaría si en lugar de ir siempre tras algo nos mantuviéramos más en una postura receptiva con el Universo?

A lo mejor tendríamos más de lo que imaginamos. Una actitud receptiva no quiere decir en absoluto no hacer nada o esperar a que las cosas nos caigan del cielo. Al contrario, significa hacer lo que tenemos que hacer, pero en lugar de hacerlo intentando tener, obtener y conseguir, desenvolviéndonos en la vida con la noción de que esta nos proveerá de lo que requerimos. Sería interesante saber cuánto de lo que tanto deseamos no lo poseemos no solo por no dar los pasos en el camino para lograrlo, sino porque no estamos abiertos a recibir. Nos encontramos sobresaturados de cosas, ideas, creencias, expectativas, prejuicios, etc. que son literalmente rellenos del canal por el cual el Universo puede dotarnos de lo que anhelamos y, mejor aún, de lo que es bueno para nosotros. Para recibir tenemos que crear vacío. Nuestra vida es como un mecanismo de engranes que si no se mantienen girando, se atascan. Para que exista movimiento debe haber un canal de vacío que deje entrar lo que está haciendo fila para llegar a nuestra vida. Si nos mantenemos tan saturados y acumulativos de cosas físicas y no físicas, estamos reverberando un mensaje de desconfianza, de obsolescencia y de mantenernos en el mismo lugar de “seguridad”, donde lo más seguro es que no pase nada nuevo. Por el contrario, si aprendemos a ser más receptivos, iremos con la lógica elemental de saber que nada puede llegar a un espacio que está ocupado, así que por tendencia natural nos desharemos de todo lo que estorba a ésta tan sencilla, pero poderosa creación de vacío. Como una gran paradoja tenemos que a veces entre más hacemos por obtener, en realidad estamos haciendo menos, pues sólo reciclamos lo que ya una vez llegó como nuevo y se hizo viejo y no tenemos ningún recipiente libre en el que descansen los nuevos regalos, los nuevos retos, las nuevas aventuras y las nuevas hermosas lecciones de la vida.

Fuente: Publimetro
Por Toño Esquinca


"LA VENTA POR LA RISA ENTRA"

La Mercadotecnia está utilizando cada vez más el Manejo de las Emociones para penetrar en el gusto de la gente considerando que el buen humor es la mejor arma.

La risa, el buen humor y hasta el albur, son recursos cada vez más utilizados por los publicistas para colocar algún producto o marca en el gusto de la gente.

En Europa éste método es muy socorrido sin embargo en México es algo relativamente nuevo.

En el viejo continente 70% de las ventas están basadas en mover los sentimientos de las personas, en nuestro país apenas alcanzan 20%.

En base a la opinión del mercadólogo Enrique Rojas, catedrático de la Universidad Iberoamericana tarde o temprano esa tendencia se revertirá. “Se trata de motivar al consumidor y convencerlo de la importancia de algún producto, a través de la parte emotiva del cerebro, en lugar de la racional; el manejar las EMOCIONES por encima de las RAZONES. De ésta manera logran que la marca penetre en el gusto de la gente, con lo que la mitad del camino de la venta ya está recorrido.

El publicista recalcó que la emoción más poderosa es la RISA, motivo por el cual muchas campañas se apoyan en eso.

Fuente: Publimetro


"LA CIUDAD DE LOS POZOS"

Había una vez una ciudad habitada por muchos pozos. Los pozos se diferenciaban entre sí por el lugar en donde estaban excavados y por su tipo de brocal exterior. Había brocales lujosos, modestos y otros francamente pobres.

Un día alguien llegó con la idea de que “lo que importa no es lo de afuera, sino lo que hay dentro de cada quien”, por lo que la sociedad de pozos comenzó a acumular en su interior monedas, joyas, arte, lujo, libros y todo tipo de cosas, al grado de que a ninguno de ellos le cabía una posesión más.

Al pensar dos veces la idea de que “lo que importa es lo de adentro”, un pozo listo que habitaba en las afueras de la ciudad descubrió otro significado y decidió crecer hacia adentro, pero las posesiones que tenía acumuladas le dificultaban la tarea. Tenía que deshacerse de ellas. Al principio le tuvo miedo al vacío, pero no le quedó otra opción.

Sin posesiones, el pozo comenzó a excavar en su interior y lo que halló al principio fue puro lodo, algo a lo que todos los demás temían y que los disuadía de ser más hondos. Pero este pozo no se espantó, y poco a poco se fue haciendo más profundo, hasta que muy adentro ¡encontró agua!

Entre más agua sacaba, más encontraba. El pozo, feliz, comenzó a aventarla al exterior y su entorno se convirtió en un vergel.

Asombrados, los vecinos le preguntaban sobre el milagro. “Ningún milagro”, respondió él. “Sólo hay que buscar el interior”.

Hoy los seres humanos tenemos sed. Por muchos años, al igual que los pozos, creímos que la respuesta a lo que buscábamos estaba en el exterior, cuando por el contrario, se encuentra en nuestro interior.

Esto es cierto al grado de que, sin importar la edad, el género o la condición social, hoy escuchamos en las sobremesas, en la calle, incluso en el trabajo, una palabra que hasta hace algunos años casi era tabú: espiritualidad.

¿Será debido a que hoy hay una necesidad de regresar a algo que nos devuelva la paz y la tranquilidad de vida? En lo personal, antes de comprender el significado real de la “espiritualidad” solía asociarla con la religión. Pero si bien son dos cosas que pueden estar vinculadas, no son lo mismo.

La palabra religión viene de “re-ligar”, significa unirnos con algo; y la hemos asociado con ideas, dogmas o formas de pensamiento.

Sin embargo, la espiritualidad es nuestra esencia, sea de la religión que sea nos lleva a una misma fuente: el agua, la conciencia del amor; es esa idea o sentimiento de que hay algo especial y grandioso en lo profundo de nosotros mismos. Pero, como dicen los filósofos: “¿De qué sirve la filosofía si no la puedes aplicar a tu cotidianeidad?”.

Volviendo a la fábula, podemos decir que nuestro problema es creer que valemos por la máscara que hemos construido con posesiones y objetos para intentar conseguir que la gente me quiera y me respete. También hace que me olvide de quién soy, me limita y corta mi experiencia de vida.

Pero si bien la espiritualidad es la respuesta, ¿qué hago para cultivarla? ¿Cómo la puedo trabajar para conseguir esa felicidad que tanto anhelo? ¿Cómo puedo aplicarla en mi relación de pareja, en el trabajo o en mi salud?

Todo lo anterior se logra si tan sólo recuerdo que lo más valioso de mí ya está en mí, que soy ya en hecho aquello que busco.

La forma de practicar la espiritualidad es a través de ser consciente de que la felicidad no va y viene; lo que va y viene es nuestra conciencia.

Para encontrar mi propia fuente interior y que los milagros sucedan en mí día a día, sólo requiero estar presente, consciente y conectado.

Escrito por: Gaby Vargas